lunes, 9 de febrero de 2009

¡GLUBS!


De algún modo, todo apuntaba a París.

Por una parte, el idioma. Siempre me gustó, y desde que empecé a estudiarlo en el colegio supe que algún día lo dominaría. Y así fue. En cuanto tuve un hueco me puse a perfeccionarlo. La primera vez que pude leer una publicación en francés sin que el idioma fuese una barrera (era un comic llamado La psychafamille!) fue como si se hubiese abierto en mi vida un gran ventanal.

Por otra parte, ya se ve, la cultura francesa en general. Desde que pisé París por primera vez, entendí que aquella forma de abordar cualquier asunto, debía parecerse bastante a la mía. Muchas lecturas, la primera de las cuales fue aquel comic, me lo confirmaron después. En general, no hay más que echar un vistazo a los kioskos de prensa o a los escaparates de las librerías: el número de publicaciones que me apetecería comprar y leer, siempre supera ampliamente al de aquellas que dan ganas de vomitar, incluso en las tiendas de las gasolineras. En España ocurre justo lo contrario.

Cuando años después me planteé seguir investigando el asunto que nos ha traído hasta aquí, me dije que era cuestión de hacer un doctorado en debida regla. La universidad que me acogiese tendría que darme plena libertad para continuar lo ya empezado, que no me impusiese un enfoque. Esto era condición sine qua non, porque yo no buscaba un título, sino hacer lo que tenía que hacer, y me daba igual que fuese en Teruel, en París o en Australia, donde estuviese esa universidad, allí me iría. Pero Francia tenía muchas papeletas... esa afinidad de pensamiento, esa libertad mental... estaba en el aire, lo presentía: no habrían de defraudarme.

Así, un buen día metí en Google las palabras clave religion politic sociology doctoral y salieron varias universidades que podrían interesarme. Examinando los programas de cada una de ellas, descartando aquellas que diesen al tema un enfoque demasiado teológico o hermenéutico, quedaban como candidatas la Universidad Libre de Bruselas y la Sorbona. Conociendo ambas ciudades, naturalmente elegí La Sorbona.

Ay, había que perfeccionar el idioma, perfilar el proyecto, presentarlo a un maestro, preparar mucho papeleo... Me daba mucho vértigo, pero era el vértigo que produce el destino cuando se cumple.

11 comentarios:

provoqueen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Decir que "era el destino" a toro pasado, es fácil...

provoqueen dijo...

Sí, fácil, pero irrefutable.

Anónimo dijo...

Es que por mucho que se lleve meterse con la francofilia, para algunos es algo que viene de dentro. Mira que yo, toda la vida estudiando inglés, traduciendo, oyendo discos de blues, jazz, devorando cine clásico, llega un día que una visita (alemana) me llama la atención sobre el hecho de que el 90% de lo que tengo en las estanterías es de origen francés y/o alemán, acumulado sin pensarlo.Besos.

provoqueen dijo...

Es verdad, Juliano. El pensamiento francés y alemán es una maravilla. Es el fundamento de donde estamos hoy, el mundo anglosajón sólo ha aportado algunas cuestiones prácticas y bastante morro.

Ya os adelanté que, en otros aspectos, la vida en París fue horrible, despiadada diría; a veces me sentía como el protagonista de Los Miserables.

Pero también sabéis que siempre salvo el tema del pensamiento, las librerías, las publicaciones, la universidad... Los seminarios de los viejos buenos profesores (aun sin informatizar y sin un maldito proyector de diapositivas), solo con su delicioso discurso, en esa la clase donde impartió enseñanzas el mismisimo Durkheim (espacio todo forrado en madera vieja muy inflamable, donde estábamos apiñados y careciendo de cualquier medida de evacuación rápida, y por supuesto inaccesible a minusválidos)...

Fueron maravillosas aquellas clases. Compensaron generosamente todos los sinsabores a que me sometieron La Poste, France Telecom, Conforama, los ratones, los virus en el ordenador (por culpa de Wanadoo, a la sazón el pretendido Windows francés)...

De verdad, sé que es difícil de explicar el amor-odio que tengo por la ciudad de París, y que mi sentimiento parece muy contradictorio, pero es cierto:
¡Cómo serían de maravillosas aquellas clases, para compensar todo lo demás!

Es algo así como los dolores del parto, son terribles, pero la criatura que nace compensa sobradamente de todo ese horrible trago.

´´ dijo...

Bueno esto empieza a parecer una peli , explicaras vida cotidiana o te centras en la tesis ? .Mejor Paris que Teruel , no ? el entorno creo que ayuda .

Ephemeralthing dijo...

... hombre! Teruel según para que cosas está la mar de bien. Ayer me comí unas migas hechas al estilo de ahí y estaban geniales, con el valor añadido de aquí en Barcelona eso no lo prepara nadie, no se pueden comer en ningún lado.

provoqueen dijo...

Paciencia, ya sé que es aburrido... Es que después de aquel trabajito de la entrada pasada, ya saltamos a París. Tenía que hacer una breve introducción sobre cómo fui a parar allí, por hilar un poco la historia.

Hoy día, entre Teruel y París creo que elegiría Teruel. Pero entre París y Bruselas, sigo eligiendo París.

Ephemeralthing dijo...

A ver: no confundamos el tocino con la velocidad, entre Teruel y París, para unas cosas elegiría la primera y para otras la segunda.
"Ejensplo",
1. Para un master sobre las migas de pastor y el brazo de gitano de crema: ¡Teruel!
2. Para un master sobre el "pot au feu" y el "clafouti": ¡Paris!

provoqueen dijo...

Jajaja, si señor, a cada uno lo suyo!

´´ dijo...

Hostia ahora que vuelvo a leer mi comentario si que parece una queja , pero no lo era .