lunes, 16 de febrero de 2009

DÍAS DE FEBRERO


Tanto viento, tanta nieve caída, y tanta lluvia. Qué porosa debe ser esta tierra, que todo lo absorbe; si no, no se explica que este invierno no hayan ocurrido más desastres. Llevaba semanas preguntándome con desazón cuándo llegarían esos primeros días templados del año, ese simulacro de primavera que anuncian las flores del almendro.

Y por fin, esos días llegaron. Así que, sin pensarlo dos veces, me puse en marcha siguiendo una estela de aromas de jardín mediterráneo. Aviso a unos amigos y organizamos un encuentro. Qué bien: habrá cena, copas, charla y risas.

Aún así, no sé en qué pliegue escondido guardo atávicos recuerdos de cuando fuimos peces o reptiles, o si será porque, sencillamente, este durísimo Madrid invita a sus hijos al exilio... es el caso que necesitaba además ver el campo, el paisaje cambiar: del sinuoso y a veces tajante perfil alcarreño -el Moncayo nevado al fondo- al suelo sediento de los Monegros; de los dulces frutales de Lleida, hasta la amable selva ampurdanesa. Y por fin, sentir el mar, reposando en un pueblecito blanco y marinero, antes de volver a zambullirme en esa bulliciosa y divertida ciudad llamada Barcelona, hermana de mi propia ciudad, tan iguales, tan distintas...

En medio del camino tuve oportunidad de comprender uno de los secretos de la literatura, a saber: que las aventuras, si no son compartidas, no son nada. Peor que nada, son punzadas que te arrancan la alegría de raíz. Un pequeño y estúpido golpe en la autopista vino a arruinar mi dulce camino hacia el mar. Despierto de repente de mi sueño vacacional y vuelve el Estado a hacerse tediosamente presente: policía, gestiones, atestados, seguros al corriente de pago. Y la rabia. Y en medio de la rabia, decidir cómo continuar. ¿Anular la cita? ¿Intentar seguir camino? ¿Cómo? ¿Cuándo? Afortunadamente, sólo entre los coches hay algún herido leve. Las personas estamos todas bien. Salvo por la rabia.

Cuando consigo reconciliarme con mi suerte, caigo en la cuenta de que el Estado y su ejército de formularios no es tan malo como lo pintan. Las grúas y la guardia civil, los teléfonos móviles y los talleres de reparaciones, y los ferrocarriles... ahora están a mi servicio, aunque el resto de la semana esté yo al suyo; y tengo que reconocer que todo ese artificio me permite continuar mi viaje, si bien con algunos retoques y algún sacrificio. Adiós a mi pueblito marinero al atardecer. Reorganizo los hoteles, iré directa a Barcelona, adonde llegaré tarde después de que una grúa a paso de tortuga haya llevado mi coche a un taller, y de que la compañía de seguros me haya concertado un transporte alternativo.

Ese medio alternativo tambien podría haberme traído de vuelta a casa, pero he decidido seguir porque en Barcelona aún me aguarda un fin de semana con amigos, mientras que en casa sólo me aguardarían preocupaciones, rutina, y planes truncados; porque si no son compartidas, las aventuras sólo son tristes heridas. Porque necesito, más incluso que antes, unas risas y una cerveza.

Llego a Barcelona tarde y cansada, pero qué bien huele a vacaciones, qué distinto del olor seco de mi ciudad. Duermo lo menos diez horas. Por la mañana termino aún algunas gestiones relacionadas con el incidente -afortunadamente, entre palmeras y a la luz del Mediterráneo el papeleo resulta ser menos triste- y después sigo durmiendo.
Cuando me despierto pienso que ayer, a pesar y en medio del aturdimiento, tomé una buena decisión. Después de haber descansado me espera un estupendo plan: buena gente, estupenda charla, una cerveza bien fría, un restaurante de película, una magnífica cena: sopa marinera y guiso de bacalao, como para compensar a mi pobre pueblito costero perdido por el camino. Sí, aún muchos buenos recuerdos harán de éste un viaje memorable: los alrededores de la Boquería, el bullicio de la Rambla, pasar junto al Liceo y proponer para otra vez una posible soirée operística. En un bar que hay junto al Miramelindo (porque allí era imposible entrar) una copa rodeados de difraces de noctámbulo fino; conversaciones sobre Rohmer, y sobre el paréntesis ético en que nos sitúa Tarentino; discusiones sobre si el arte tiene algo de intrínseco o si sólo la biografía del autor puede completar lo que cuenta la obra; sobre si lo público es público y lo privado privado, o si ambos mundos se entremezclan aunque no queramos; recuerdos de otros amigos, y del maestro Azúa, y de recientes viejos tiempos...

Y además, mira tú por dónde, he tenido la oportunidad de probar el AVE, acompañada de "Las hermanas Bolena" y de "Si un árbol cae".

12 comentarios:

provoqueen dijo...

... Ah! Y un saludo para José Luis, el simpático gruísta que nos llevó al taller a mi choche y a mí, y que muy gentilmente (y contándome chistes de maños) me acompañó luego a por el coche de alquiler con el que continué viaje.

Anónimo dijo...

Da gusto ver con tus ojos, Provo

provoqueen dijo...

Muchas gracias, Gopi.

´´ dijo...

Muy chula la foto , me recuerda a la peli Vidocq de Gérard Depardieu. El gruista me tiene intrigado. Mayo es un buen mes para ir a pequeños pueblos costeros .

Ephemeralthing dijo...

¿restaurante de película?, cuál, cuál!?

El articulito del "maestro Azúa" sobre Bacon es ....., el sarcasmo no conduce a nada, parece escrito por Jaime Peñafiel.

´´ dijo...

El Gran café , en la calle Avinyo .

Jaime Peñafiel !!! eso es muy duro .

Ephemeralthing dijo...

.... me he quedado a gusto diciendo eso, jajajaj.
¿Alguien puede explicar de qué va el texto de "Sobre el alma y el cuerpo"?. La respuesta de Onagro ayuda (algo), pero me parece que se toma a la tremenda algo que no es más que un "divertimento" completamente vacuo y sobre todo inútil.

provoqueen dijo...

Si os digo la verdad tampoco he entendido mucho a qué venía lo de Bacon y familia, y luego lo de (la Srta.) Velázquez... Lo de Onagro, lejos de aclararme...

Tengo una teoría, y es que Azúa cuando hace artículos raros y aparentemente inconexos, está como enviando un mensaje a alguien.

El gruísta era muy majete. Me levantó una sonrisa en medio de mi cara de "chof", ese es todo el misterio.

Incitatus dijo...

A mí también lo de Onagro, lejos de aclararme...

Cuentas las cosas de manera espléndida. Qué envidia la cena, las copas, los amigos; no el accidente automovilístico, claro...

Por cierto, tenía entendido que ya habías probado el AVE...

provoqueen dijo...

Gracias, Inci, pero no estoy muy de acuerdo. Esta crónica me ha salido informativa, ñoña... Otras me han salido mejor.

También se te echó de menos.

Dato: el AVE a Sevilla sí lo conocía, pero el de Barcelona todavía no lo había estrenado.

Besos

Anónimo dijo...

Da gusto leer algo tan límpido y distendido. A uno le vienen recuerdos de los propios viajes, y nostaligia de los que le quedan por hacer.
Ahora, la publicidad:
Como mis "Ruins in Progress" son un desastre, he empezado uno de recortes absurdos. Por si os sobra tiempo en la oficina, la URL es www.sinfundios.blogspot.com.
Intentaré que os valga la pena la visita.

provoqueen dijo...

Juliano, tu blog Ruins in Progress es de lo mejorcito de la blogosfera.
Personalmente, no siempre te dejo comentarios pero te visito y te leo fielmente y me paso tardes deliciosas leyéndolo.
Si lo vas a cerrar, te recomiendo que colecciones los artículos y los publiques.
Y si abres otro, como lo importante es el artista, estoy segura de que será delicioso también. Ahora mismo lo pongo en favoritos.
Besos.