lunes, 1 de febrero de 2010


Confieso que he viajado poco fuera de la señorial Europa. Esta circunstancia me lleva a asombrarme cuando visito, por ejemplo, zonas de Iberoamérica. Me deja boquiabierta comprobar que tan lejos se hable español, y la manera común que tenemos de entender muchos aspectos de la vida. Herencia nuestra, claro, pero a la vez ¡qué original manera de incorporársela!
Un ejemplo, traído de Mexico. En las carreteras que recorren Yucatán -y sospecho que en todas las carreteras federales- se ven cada pocos metros unos carteles con consejos para el ‘manejo’ (la conducción), como: “Respete las señales”. Bien, hasta aquí todo bien. Unos metros adelante puede leerse “Obedezca las señales”. Qué duro, me digo. Respete me gustaba más, lo de obedezca suena un poco déspota… Más allá, otro cartel: “No rompa las señales”; y al poco, otro: “No destruya las señales”. Entonces vuelvo a ver el letrero de “Respete las señales” y comprendo mejor a qué se refiere.

3 comentarios:

´´ dijo...

En el metro de barcelona una voz en off dice : Queda terminalmente prohibido bajar a la vía.

Al escucharlo piensas, podrían decir: "Bajar a la vía puede ser bastante terminal."

Pero no, han de prohibir y les falta gracia claro.

provoqueen dijo...

Es lo que tienen los mexicanos, son como los sevillanos, todo lo hacen con gracia. Incluso las cuestiones institucionales más serias llevan su toquecillo saleroso.

Incitatus dijo...

Lo más mexicano, según el tópico, sería: "No disparen contra las señales". En el País Vasco deberían poner: "No pintarrajeen ni quemen los letreros escritos en castellano".