domingo, 27 de septiembre de 2009

Cosas del destino


Os preguntaréis, mis queridos y sufridos fieles, por qué he tardado tanto en renovar la bitácora tras la pausa del verano. La razón es que he andado enfrascada ayudando a los reyes magos a hacer realidad un proyecto que les pedí para este año.
Ahora ya sé que no me lo traerán. Por lo menos, no este año, o no en la forma deseada, o ni lo uno ni lo otro. Quizá el año próximo, o quizá no porque me coja más floja o desmotivada, quién sabe cómo andaré el año que viene...
Todo este asunto me recuerda una frase, una definición que escuché el otro día: "¿Cómo, que no sabes quién es Dios? A ver, cómo te lo explicaría: ¿Alguna vez has deseado algo mucho, y lo has pedido con todas tus fuerzas? Pues Dios es el que te ignora".
Veámoslo por el lado bueno: viviré más tranquila y me ahorraré tiempo y dinero en sesiones de fisioterapia. Las tensiones de los últimos días casi convierten mi cuello y espalda en una tabla de lavar, no quiero ni imaginar cómo sería si me embarco en la empresa. En cualquier caso, y una vez pasado el berrinche, una se recompone y vuelve a reaccionar como suele: pensando que seguramente será para bien porque algo aún mejor me está esperando.

domingo, 26 de julio de 2009

Presencias


Se interrumpe la placidez del verano con un SMS corto y duro: "vuestro tío acaba de fallecer". Lo veo con el sol ya muy alto, pero se ha producido de madrugada. La resaca se me corta de repente. Me pongo en marcha en seguida.
Era el último de cuatro hermanos. El último en morir, digo, porque en edad era el segundo. Cualquiera diría que Pedro y mi padre, los pequeños, iban a adelantársele. Cuando enterramos a mi padre, recuerdo su mirada a las cuatro sepulturas dispuestas en orden de mayor a menor, en el cementerio del pueblo. Dos ya ocupadas, una ocupándose; la suya, esperándole. Y me miró con ojillos lacrimosos "cualquier día..."
Había nacido el día de navidad del dieciséis, año bisiesto. Su vida fue dura, y quizá por eso siempre estuvo sano y anduvo derecho, hasta el final: tenía que estarlo, se necesitaba a sí mismo, no podía permitirse flaquear.
Siempre discreto, conocía historias del pueblo que a nadie contaba, y que ya nunca se sabrán o, si se cuentan, serán deformadas por el morbo o el aburrimiento de los pueblos pequeños.
Siempre discreto, hasta para marcharse. La semana pasada aún estaba lúcido y derecho, aún caminaba por su pie los empedrados empinados de Cuenca, su ciudad. Una semana, sin dar la lata. Noventa y dos años de fortaleza y en una semana, fuera.
Mi tía, pequeña y encorvadita, aún resiste, como resistió sobre su bastón los acompañamientos que todo el pueblo, uno a uno y una a una, le fueron brindando. Otra roca. Ahora comprendo por qué le pusieron Pilar.
Fue un día triste, y un día de encuentros. Primos hermanos, segundos, terceros, a quienes no ves más que en estas ocasiones, y a la que sin embargo pides "no os olvidéis de mí".
Abrazos, besos, algunas lágrimas y algunas sonrisas. "Te acuerdas de cuando íbais con el abuelo en burra" "y cuando nos montaban en la trilla" "A ver si la próxima vez nos reunimos para algo alegre".
Historias, recuerdos. Pregunto por las excavaciones de restos paleolíticos que se han encontrado cerca del pueblo. "Están allá en un cerrete, por donde las obras del AVE". "Aquella atalaya, decía tu tío que estaba llena de "garrampainas" (pronúnciese con acento conquense, es decir, enfatizando el diptongo). Pregunto, divertida, qué son "garrampainas". Una de mis primas me contesta "pues... sonidos, voces, fantasmas, presencias".

sábado, 4 de julio de 2009

Verano



Espero que tengáis unas buenas vacaciones, con o sin tinto de verano.

sábado, 20 de junio de 2009

Con el tiempo


Los nuevos ricos, al cabo de cien años, ¿siguen siendo nuevos ricos? ¿Cuánto tiempo ha de pasar para que lo que comenzó siendo nuevo-riquismo se convierta en rancio abolengo? ¿Acaso a la descendencia del nuevo rico nunca llega a ocurrirle eso, sino que se convierte en otra cosa?

viernes, 5 de junio de 2009

Margaritas



Bajo a la calle un momento. Mientras fumo un cigarrillo, me distraigo observando los gorriones y, siguiéndolos con la mirada, los pajarillos me llevan de repente junto a unas diminutas margaritas que crecen entre el césped.

Contemplando el jardín me dejo llevar por mis recuerdos. Como la magdalena de Proust, esas margaritas me traen momentos de mi infancia, cuando salíamos al campo y mi madre me acompañaba a coger flores silvestres. Me pregunto cuánto disfrutaría ella viendo los ojitos curiosos de la nena descubriendo las margaritas. Unas iguales a éstas, entonces debían de parecerme crisantemos.

Mi madre ya no está y mi infancia terminó. Ser, no ser… Yo que Hamlet, se lo preguntaría a una margarita. ¿Quién es ésta que ahora trabaja, fuma, recuerda y escribe? ¿Quién es, si no la continuidad de aquella niña, que a su vez fue el resultado exitoso del instinto de conservación de aquella buena madre? Para que su éxito siga, tengo yo que seguir. Esa es la razón, simple en el fondo, de por qué vivimos.

No, no acertaba Cioran cuando dijo aquello de “si supiese por qué no me he suicidado todavía, ya me habría suicidado”. No, la vida no es sólo búsqueda, como parece deducirse de aquella frase. La vida es continuidad… Así lo exige el instinto de conservación, y no me refiero al de uno mismo, sino al de los padres de uno. Mis padres me amaron lo bastante como para no querer defraudarlos en su afán más animal, más esencial. De modo que ese es el sentido de mi vida: continuarlos. Simple, en el fondo.

Apago mi cigarrillo. Mientras lo hacía he recordado que al fallecer mi madre sólo quise encargarle margaritas. Ni rosas, ni dalias ni crisantemos: sólo un enorme centro de margaritas blancas, grandes, como debían de parecerles éstas a mis ojos de niña.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Champions


En este barrio de Madrid hoy la calle está desierta, salvo el bar de la esquina que está algo más cocurrido de lo normal. De repente escucho ¡GOOOOOOOOOL! cuando han pasado pocos minutos de que haya comenzado la final de la Champions entre el Barcelona y el Manchester.
El grito me enternece, me hace sentir orgullosa de mis vecinos (no siempre me dan motivos) y me lleva a pensar si en Barcelona se alegrarían igualmente si fuese "el eterno rival" quien se estuviese jugando "la décima".
De repente dudo. ¿A ver si es que jalean al Manchester?
Estaba casi segura de no ser defraudada, pero confieso que antes de sentarme a escribir he tenido que ir a comprobarlo, mujer de poca fe, no sea que tuviese que cambiar de enfoque. Pero no, no me han defraudado: es el Barcelona quien ha metido el gol.

viernes, 15 de mayo de 2009